viernes, 6 de enero de 2012

Somos dueños de nuestros pensamientos. Su ejecución, sin embargo...

"Opino que pensáis tal cual decís; pero quebrantamos a menudo nuestras resoluciones. El propósito no es más que el esclavo de la memoria: muy brusco en su nacimiento, pero de escasa validez. Ahora está adherido al árbol, como acerbo fruto; más cae por sí solo no bien se halla en sazón. Es absolutamente inevitable que olvidemos pagarnos lo que nos debemos a nosotros mismos . Lo que nos proponemos en el calor de la pasión, lo abandonamos. La violencia misma del dolor o del placer destruye juntamente con ellos sus propias acciones. Donde más se huelga el gozo, más se lamenta el dolor; la alegría se aflige y la aflicción se alegra al más ligero accidente.No siempre es perdurable nuestro mundo, y así, no es extraño que hasta nuestro amor cambie con nuestra fortuna, que es cuestión aún por resolver si el amor gobierna a la fortuna o la fortuna al amor. Cae el potentado, y veis a sus favoritos huir de él; encúmbrase el miserable, y de sus enemigos hace amigos. Y hasta tal punto es el amor esclavo de la fortuna, que a aquel que no lo necesita, jamás le faltará un amigo, y aquel que en la penuria prueba a un aparente amigo, conviértele al momento en su enemigo. Mas, para terminar debidamente lo que había empezado, nuestras voluntades y nuestros destinos corren por tan opuestas sendas, que siempre quedan derrumbados nuestros planes. Somos dueños de nuestros pensamientos; su ejecución, sin embargo, nos es ajena. Así, imaginas que nunca has de tomar segundo esposo; pero morirá tu pensamiento en cuanto muera tu señor"

                                                                        [Hamlet]

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