jueves, 24 de febrero de 2011

El burka de Occidente.

         Con los últimos acontecimientos en los países árabes, he empezado, o más bien, he vuelto de una forma más constante, a darle vueltas al papel de la mujer en esos sucesos y en la sociedad musulmana en general.
            En Occidente nos sentimos agredidos por la represión machista que sufren allí las mujeres, que son consideradas como posesiones y se ven “obligadas” a ocultarse, ya sea todo el cuerpo con un burka, o sólo el pelo (con un hiyab). Desde el aumento de la inmigración musulmana, el debate sobre si las mujeres pueden o no llevar este tipo de prendas en nuestros países ha ido en aumento, y en algunos se ha llegado a prohibir, puesto que desde su superioridad moral, Occidente declara que el velo islámico humilla a la mujer, ya sea por imposición o a causa de una elección personal (no respetable).
            Sin embargo, las mujeres occidentales somos libres, amas y señoras de nuestro propio destino, no?
            Sinceramente, yo creo que no. No creo que las mujeres aquí seamos libres y muchísimo menos que gocemos de igualdad, ni siquiera que estemos cerca de ello.  
            Llegados a este punto, mi pregunta es: ¿realmente estamos en disposición de juzgar lo que conviene o no a esas mujeres, mientras que al mismo tiempo promocionamos nuestro propio burka? El bien llamado “Burka Occidental” es el canon estético, es todo lo que vemos en los medios de comunicación, en los anuncios publicitarios, revistas, cantantes, modelos, actores…
            La vida de la mujer occidental (y en los últimos tiempos, cada vez de más hombres) es una lucha constante por verse bien (y sobre todo, que los demás nos vean bien, ya que nos miramos con los ojos de los demás), por llevar ropa bonita, es una guerra contra la báscula, contra la vejez, contra lo natural, siguiendo siempre las pautas enviadas desde la publicidad y la cultura de masas. Se nos valora por lo que aparentamos y, lo peor es que nos  llegamos a valorar por lo que aparentamos.
            Esto tiene unas consecuencias más profundas, y es que el uso de las mujeres en publicidad (y en programas televisivos) como reclamo sexual, no sólo ha dado lugar a que desde  mismo seno de la colectividad femenina se promueva una visión de la mujer como objeto, sino que además nos ha sumido en una baja autoestima, ha llevado a muchas de nosotras a someterse a cirugía estética y a otras tantas las ha empujado a peligrosas enfermedades como la bulimia o la anorexia. Y todo por querer parecernos a mujeres que consideramos superiores por cumplir (ya sea por sí mismas, o con ayuda del photoshop en la mayoría de los casos) los dictámenes de belleza.
            Lo más triste puede que sea que el burka islámico es impuesto por unos preceptos religiosos -se puede considerar- mal entendidos, mientras que el burka occidental está en la base de la propia cultura patriarcal-liberal.
            Esto no quiere decir que esté a favor de que las mujeres musulmanas tengan que taparse, pero mientras no consideremos abiertamente el tema de nuestro burka, cualquier crítica o prohibición al burka mahometano por la presunta opresión que representa la consideraré como eurocéntrica en el peor de los sentidos, xenófoba y deudora de los valores que impulsaron el colonialismo.



Una última pregunta: ¿has elegido LIBREMENTE la ropa que llevas puesta?;)

...Nadie es más esclavo que quien se tiene por libre sin serlo (Goethe).

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